EL CAMINO ESPAÑOL: SEXTA PARADA (LUXEMBURGO)

Con la penúltima parada del Camino Español, llegamos a la ciudad de Luxemburgo. Su Historia de los siglos XVI y XVII está tan estrechamente ligada a los tercios y al Camino Español que, aún ahora, lo más característico de la ciudad, cabeza de unos de los Estados fundacionales de la Unión Europea, parece marcado, de un modo u otro, por la impronta española.

Luxemburgo, en los siglos XVI y XVII formaba parte del Ducado de Flandes, perteneciente a la Corona Española desde Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. En las Guerras de religión de esos siglos, tomó parte católica y pro española (junto con la región que luego ha dado lugar a Bélgica) contra la Unión de Utrecht (que, con posterioridad, dio lugar a Holanda).

Dada su posición estratégica, la ciudad de Luxemburgo se recubrió de fuertes murallas y torres

luxemburgo-net,

y parte de ello aún perdura. Como decíamos, por las calles de Luxemburgo ha quedado una fuerte huella de la presencia española, como muestra el nombre de muchas de ellas: Felipe II, Don Juan de Austria, Tercios Españoles, Cervantes, etc.

Hoy en día, Luxemburgo es considerado un destino turístico de primer orden gracias, entre otras muchas cosas, a sus numerosas torres y castillos, que nos recuerdan a los cuentos de hadas. De hecho, pese a ser uno de los estados más pequeños de Europa, son muchas las atracciones con las que cuenta Luxemburgo.

Por ejemplo, el casco histórico de la ciudad de Luxemburgo es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero podemos citar numerosas visitas imprescindibles más en dicha ciudad: el Paseo de Wenzel, desde el Promontorio de Bock, el Castillo Puente (construido en 1735 con arenisca roja) hasta la Iglesia de San Ulric

iglesia,

la parroquia más antigua de la ciudad, y la Torre de Jacob. Además, no hay que perderse el Museo de la Historia de la Ciudad y el Museo de Arte Moderno.

Además de la ciudad de Luxemburgo, existen más ciudades interesantes en el estado de Luxemburgo como: Diekirch (al norte), con su Museo Nacional de Historia Militar; Vianden (noreste), que destaca por su castillo, sus iglesias góticas y sus torres fortificadas. además de por la casa del famoso Víctor Hugo; Echternach (este) con el Castillo de Beaufort,

Castillo de Belfort

en cuyo exterior hay un precioso lago de cisnes mientras en su interior una escalofriante cámara de torturas; Grevenmacher (este) con su Jardín de Mariposas; Mondorf-les-Bains (este) con su centro de baños termales, etc.

PD. La semana que viene viajaré a Cerdeña, por lo que a la vuelta (ya sea antes de acabar con el Camino Español, o después) tendréis un entrada sobre esa preciosa isla… :D

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EL CAMINO ESPAÑOL: QUINTA PARADA (ALSACIA-LORENA)

Tras pasar el Rin por Breisach, nos adentramos en la región, hoy perteneciente a Francia pero entonces independiente, de Alsacia-Lorena.

Esta región, en los siglos XVI y XVII, era independiente de Francia y formaba el Ducado de Lorena, aliado de España. Al ser aliado de España permitía el tránsito de los solados de los Tercios españoles camino de las posesiones hispanas en Flandes.

La región de Alsacia-Lorena era clave en el Camino Español, ya que si esta región caía en manos de los enemigos de la Corona Española se cerraba el Camino Español, no podían llegar ejércitos a Flandes y, por tanto, España perdía su condición de potencia europea y mundial.

Alsacia-Lorena se encontraba entre dos enemigos declarados de España, el Reino de Francia y El Palatinado. Es por ello que sufría constantes ataques y asedios de parte de los enemigos de España. A España le interesaba tener un Ducado de Lorena aliado, y el mejor aliado que tuvo en esa época fue Carlos IV de Lorena

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(5 de abril de 1604-18 de septiembre de 1675).

Este Duque luchó en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) a favor de la Corona Española. Fue un aliado principal, y España le entregó grandes sumas de dinero y ayuda en la Guerra. Al final de la Guerra, y de la derrota de los Imperiales a manos de Francia, ésta se anexionó el Ducado de Lorena, que desde entonces pertenece a Francia.

Hoy en día, una de las atracciones más destacadas de la zona es la denominada

Route des Vins d’Alsace 

route-vin-alsace

(Ruta del Vino de Alsacia),

con más de 170 kilómetros que atraviesan las principales áreas de producción vinícola de la región, además de sus dos departamentos, el Bajo y el Alto Rin.

Así, el cultivo del vino, indisociable de la historia de Alsacia, se manifiesta activamente en sus paisajes, sus tradiciones y su patrimonio, así como en sus gentes.

Las primeras referencias a la Ruta del Vino de Alsacia son del año 1953. No obstante, como decíamos, sigue siendo una ruta de gran actualidad y, de hecho, hoy por hoy es el principal camino turístico de Estrasburgo a Colmar

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Y es que la Ruta del Vino de Alsacia, una de las más antiguas de Francia, consta de multitud de «villages fleuris» (pueblos floridos), diferentes entre sí pero que comparten un encanto que no pasa de moda y que no se limita sólo (aunque también) a la producción de vino.

Los municipios más destacados por los que pasa la Ruta son:

Dambach-la-Ville, Ribeauvillé, Colmar,

Thann thann,

etc.

PD. Perdón por el retraso en postear, pero tanto la estrella invitada del blog como yo hemos estado super ocupados. Tiempo de exámenes, ya sabéis… ;P

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EL CAMINO ESPAÑOL: CUARTA PARADA (BREISACH)

En el cruce de fronteras entre las actuales Francia y Alemania, sobre la enorme llanura ribereña del Rin, llegamos al puente de Breisach breisach,

uno de los puntos estratégicos del Camino Español, ya que era el único puente por el cual los Tercios podían pasar de territorio aliado (Austria y Baviera) a Alsacia y Lorena (entonces no pertenecientes al reino de Francia, ambos territorios eran aliados de España contra Francia y los protestantes alemanes). Breisach era el único puente sobre el Rin entre Estrasburgo y Basilea, y por lo tanto era punto obligado en el Camino Español, por cuyo uso y posesión dieron la vida varias generaciones de soldados, dejando asociado al “Puente de Breisach” un aura de leyenda bélica, ya que fueron muchas las veces que las potencias enemigas de España intentaron tomar la ciudad durante los siglos XVI y XVII, para así  poder cortar el Camino e impedir la llegada de ejércitos y tropa de la Corona Española a Flandes o Alemania.

Fue el tercer Duque de Feria, Suárez de Figueroa y Córdoba, quién en 1633 obtuvo una importante victoria militar para las armas hispanas al reconquistar Breisach, después de haber tomado Costanza y Rheinfelden. En su tiempo, estos logros militares fueron considerados triunfos sonoros para la Corona, hasta el punto de que la representación de las mencionadas victorias decoró el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid.

El Duque de Feria fue un buen militar y alcanzó celebridad en su época. Tuvo una participación importante en la Guerra de los treinta años (1618-1648) cuando, en un intento de reabrir el Camino desde el norte de Italia, fue enviado a Austria en septiembre de 1633 con una pequeña fuerza. El Duque, con los restos del ejército bávaro que combatía a favor de los Imperiales, se dirigió hacia el oeste de Alemania, para ocupar Constanza y levantar el sitio de Breisach. En una audaz acción militar, el Duque de Feria consiguió vencer a las fuerzas del ejército sueco-alemán, comandado por el Mariscal Horn y por el príncipe Bernardo de Saxe-Weimar. Como decíamos, consiguió conquistar Breisach en 1633 para las armas españolas, logrando así que los ejércitos españoles pudieran seguir llegando a Flandes y a Alemania.

En la actualidad, Breisach es una ciudad interesante y muy coqueta para visitar, y una parada obligada en los diversos cruceros por el Rin que existen (y que os aconsejo), puesto que esta ciudad alemana de aproximadamente 16.500 habitantes, se encuentran ubicada a orillas del Rin, entre las ciudades de Friburgo y Colmar.

Así, además de recomendaros que os deis una vueltilla por Breisach, también os sugiero sin dudar que toméis unos de los muchos barcos que hay por el Rin y hagáis un crucero por dicho río. Hay cruceros para todos los gustos: de varios días, de un par de horas, en plan romántico, para familias, con paradas, con explicaciones en el barco, etc.

De hecho, yo casi siempre aconsejo en las ciudades donde existe la posibilidad, el hacer un crucero, ya que me encantan los barcos (¡no lo puedo remediar!), pero además es que suponen la excusa ideal para descansar un poco y “ver la vida pasar” (ya se sabe que la vida de turista puede ser muy estresante). En Breisach el crucero es ya una obligación.

Respecto a qué ver en Breisach una vez que nos bajamos del barco, encontramos: en primer lugar, el puente sobre el Rin, que enlaza la ciudad con Neuf-Brisach (Alsacia); la Puerta del Rin (Reinthor) ;

el museo de Historia, que alberga piezas de épocas comprendidas entre la Edad de Piedra y el presente; la Radbrunnenturm (torre de la fuente), el Ayuntamiento; y finalmente, la catedral de Breisach, llamada de San Esteban, de estilo románico y que contiene un altar gótico de autor desconocido (sus iniciales están grabadas en el conjunto y son H.L.) y una pintura de Martin Schongauer.

Es recomendable asimismo desplazarse hasta lo alto de la colina (Münsterberg), ya que desde allí se observa todo el valle del Rin, así como la Selva Negra y los Vosgos. Las vistas desde la catedral son también impresionantes.

Como curiosidad final, sabed que una de las empresas de cava más importantes de Europa tiene su sede en Breisach, la Badischer Winzerkeller

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EL CAMINO ESPAÑOL: TERCERA PARADA (EL PASO DE LOS ALPES)

Tras salir de Milán, en la Lombardía, los Tercios Españoles debían atravesar la colosal Cordillera de los Alpes para poder llegar a Centroeuropa para allí apoyar a los aliados de la Casa de Austria y poder intervenir militarmente en las Guerras de Religión en Alemania, Francia, Austria, Dinamarca, Flandes y los distintos escenarios bélicos en los cuales, de forma ininterrumpida, España intervino durante la totalidad de los siglos XVI y XVII. En estas guerras de religión tubo especial relevancia la Guerra de los 30 años (1618-1648), a la cual, se puso fin mediante la Paz de Westfalia, pero los Tercios siguieron llegando a Centroeuropa pasada esa paz, ya que estuvieron inmersos en otros conflictos bélicos.

Para atravesar los Alpes, los tercios salían de Milán, bordeaban el Lago de Como y emprendían las carreteras  y caminos que llevaban al “Paso de Suizos”, por los pasos del Gran Bernardo

y el Pequeño Bernardo

en Las Dolomitas , en la Valtelina y la Engadina Italo-Suiza. Estos pasos, algunos a más de 2.000 metros de altitud, eran totalmente intransitables a lo largo de gran parte del año, y apenas se podían pasar en verano debido a las fuertes nevadas que se acumulan en esas cotas. Para proteger el paso, se crearon fortalezas como el Fuerte de Fuentes, Bergoglio, etc. Una vez pasados los Alpes, los Tercios llegaban a terreno en muchos casos hostil, y se dirigían, o bien luchar a Flandes y el palatinado, o bien a luchar en Alemania a favor de la Causa Católica en las Guerras de Religión.

Hoy en día, lo más típico en los Alpes italianos y suizos son los deportes de nieve, sobre todo el esquí, en invierno; y el senderismo en verano.

No obstante, hay más que eso. Así, después de esquiar, o tras una caminata por las montañas, hay pocas cosas tan agradecidas como sumergirse en aguas termales. En la región de los Alpes suizos, existen numerosos balnearios, y muchos de ellos están situados a pie de pista, como en Leukerbad.

Por otra parte, en los Alpes suizos es posible realizar una actividad de invierno que no es fácil practicar en otros países y que encanta a los niños: descenso en trineo. Está permitido subir el trineo en el telesilla para luego bajar por unas pistas especialmente señalizadas para trineo. Los trineos se alquilan allí mismo y el precio es bastante asequible. Algunos lugares recomendables donde hacerlo son Diablerets y Grindenbald.

Si se quiere un plan más tranquilo que un gran centro invernal de esquí, se puede alquilar un chalet en uno de los pintorescos pueblecitos de la región con sus casas de madera, olor a chimenea y entorno cubierto de nieve.

Los chalets baratos no son complicados de encontrar en los Alpes suizos, especialmente si uno consigue juntar un grupo grande de personas. Además, salir de casa con los esquís puestos es lo más cercano al paraíso para un amante de los deportes de invierno.

Los Alpes italianos, por su parte, destacan sobre todo por su gran riqueza turística. Se ubican en diversas regiones que explorar, entre los que destacan el Piemonte, que cuenta con el recorrido de la Via Alpina, casi mil kilómetros de senderos y caminos de herradura con refugios equipados, y con el Parque Nacional de Gran Paraíso, que permite realizar gran cantidad de deportes de montaña, como esquí de fondo, escalada en cascadas de hielo, esquí alpino, trekking, etc.; el valle d’Aosta, en el que hacer “cosas diferentes”, como una ruta del vino, pues ahí se encuentran los viñedos más altos de Europa; Lombardía, en la que destacan las cascadas de Acquafraggia, Degli Alberi, etc; Veneto; Trentino, donde mezclar la cultura de montaña y mediterránea, es el destino ideal para los amantes de los deportes al aire libre: montañismo, senderismo, Nordic Walking, deportes acuáticos, vela, windsurf… en los lagos, y rafting y barranquismo en los ríos rápidos; Alto Adige, donde destaca el Parque Nacional del Stelvio, el mayor de los parques nacionales italianos, cuya variedad morfológica da lugar a una gran diversidad de ecosistemas; y finalmente, Friuli Venecia Giulia.

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EL CAMINO ESPAÑOL: SEGUNDA PARADA (MILÁN)

Tras salir de Génova camino de Flandes por el Camino Español llegamos a Milán, en la Lombardía (Italia). Milán fue territorio español durante cerca de 150 años. Fue incorporado a la Corona Española tras la Batalla de Pavía (1525) entre los ejércitos de Carlos I de España y Francisco I de Francia. En la nombrada Batalla de Pavía, los Tercios españoles acudieron en ayuda de la guarnición española de Pavía, que estaba sitiada por el ejército francés. Al frente de la guarnición estaba el navarro Antonio de Leyva.

Los ejércitos españoles llegaron en medio del sitio francés y arrollaron completamente al ejército francés hasta el punto que casi todos los altos mandos franceses murieron en combate, e incluso el rey francés tuvo que luchar a pie cuando una compañía de arcabuceros vascos mataron al caballo que montaba.

Uno de estos soldados vascos, Juan de Urbieta (nacido en Hernani, Guipúzcoa) tomó personalmente prisionero al monarca francés poniéndole su espada en el gaznate. La derrota francesa fue total, y, por eso, en 1525, España se anexionó el Ducado de Milán o también llamado Milanesado.

Milán perteneció a España hasta el Tratado de Utrecht (1715), en el cual se perdió esa posesión. Milán, en la ruta a Flandes de los Tercios, era un punto clave y estratégico, ya que domina el Norte de Italia, y mediante los pasos de los Alpes permitía mandar ejércitos a Centroeuropa y Flandes. El Ducado se fortificó a conciencia, mediante el Castillo de Milán, las plazas fuertes de Asti, Lodi, el Fuerte de Fuentes cerca del lago Como, etc. Todo ello para permitir el tranquilo tránsito por el Camino Español.

En cuanto a lo que hay para visitar hoy en día en Milán, es una oferta tan amplia que es imposible citar absolutamente todo.

No obstante, entre lo más relevante de Milán, lo que no os podéis perder de ninguna manera, se encuentran: para empezar, la Catedral (en italiano duomo), con fachada neogótica, cuya construcción comenzó en 1387 y se prolongó durante cinco siglos (como inciso: aunque hay que pagar un plus, os recomiendo especialmente los tejados de la catedral , para mí lo más recomendable de todo Milán, una experiencia diferente y unas vistas maravillosas); la Piazza del Duomo, hoy plaza principal y centro de la ciudad moderna; la galería Víctor Manuel II, donde se encuentran algunos de los cafés y comercios más conocidos de la ciudad; la Plaza Mercanti, a pocos pasos de la Catedral, que constituye un “prueba silenciosa y recogida del medievo en Milán” con el Broletto Nuovo, la Logia de los Osii, el Palacio de las Escuelas Palatinas y la Casa de los Panigarola; el Palacio Real, por muchos siglos sede del gobierno de la ciudad, residencia de regentes y actualmente importante centro cultural; la Piazza della Scala con el famoso Teatro alla Scala, ópera más grande del mundo y escenario de representaciones memorables de Verdi, Puccini, Rossini, Bellini, etc.; la via Manzoni, la vía Montenapoleone y la vía del Gesù, donde se encuentra el Museo Bagatti Valsecchi, inspirado en los palacios señoriales del Cinquecento lombardo; el monasterio de Santa María de las Gracias, famoso por contar con la pintura de La última cena , obra maestra de Leonardo da Vinci; el castillo Sforzesco , comenzado por los Visconti y continuado por Francesco I Sforza, señor de Milán, y que actualmente posee un museo con importantes obras histórico-artísticas.

También son imprescindibles: la Basílica de San Ambrosio; el cementerio Monumental, de 250.000 metros cuadrados y donde descansan restos de ilustres milaneses; la Pinacoteca de Brera, inaugurada en 1809 en el edificio que acoge también la Academia de Arte; la Pinacoteca Ambrosiana; el  Museo Poldi Pezzoli, fundado en la segunda mitad del siglo XIX; las galerías de los Musei del Castello, que albergan un gran número de obras maestras de la pintura; el antiguo Ospedale Maggiore, tradicionalmente llamado Ca’ Granda, uno de los primeros ejemplos de la arquitectura del Renacimiento en Lombardía; el rascacielos Pirelli construido en 1959, con 127 metros de altura; el Palazzo Lombardia, inaugurado oficialmente en 2011; la Torre Unicredit, el edificio más alto de Italia con 231 metros; el Parque Sempione, espacio verde urbano en el casco antiguo de la ciudad, junto al Castillo Sforzesco, que cuenta con el Palacio de la Triennale, el Arco de la Paz, la Arena de Milán y la Torre Branca; y finalmente el Museo de historia natural, que conserva importantes colecciones de minerales, restos fósiles, plantas y animales.

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NUEVA RUTA: EL CAMINO ESPAÑOL (PRIMERA PARADA: GÉNOVA)

Una semana más, partiendo de una idea de la nueva estrella invitada anónima, os traigo no sólo uno, sino varios posts, que os iré colgando a lo largo de varias semanas y que os van a presentar una ruta que muchos de vosotros desconoceréis: el Camino Español.

Hoy, en este post introductorio, os hablaré un poco de la ruta, así como de la ciudad de la que parte: Génova (Italia).

El “Camino Español” empezaba en Génova (Italia) y acababa en Bruselas (Bélgica); y  fue una ruta terrestre creada por Felipe II con el fin de llevar dinero y tropas españolas a la Guerra en los Países Bajos (sublevados contra la dominación española) y a las guerras de Centroeuropa en los siglos XVI y XVII, en los cuales España era la potencia hegemónica europea y mundial.

Los Tercios (agrupaciones de tropas de infantería española de la época) tuvieron que abrir esta ruta terrestre debido en gran parte a la incomodidad del transporte marítimo de la época, al mal tiempo que reinaba con frecuencia en esos mares, y a la enemistad de Inglaterra y Francia, quienes entonces dominaban el Canal de la Mancha.

Por ello, Felipe II (que reinó desde 1556 hasta 1598) tuvo que abrir una ruta alternativa, originalmente desde Milán hasta Bruselas, de manera que se transitase por territorios seguros para las armas españolas, ya que eran o bien territorio bajo dominación directa española o bien tierras aliadas a la Corona Española. La ruta fue utilizada por primera vez en 1567 por el Duque de Alba en su viaje a los Países Bajos.

El camino comenzaba en el Milanesado, cruzaba después los Alpes por Saboya, para pasar luego por el Franco Condado, Lorena, Luxemburgo, el Obispado de Lieja y Flandes hasta llegar a Bruselas. Todos estos territorios eran o bien parte del Impero español o bien estaban aliados con la Corona Española.

Una segunda ruta comenzó a utilizarse después de 1622. Esta ruta partía de Milán y pasaba por los valles suizos de Engadina y Valtelina hasta el Tirol. De ahí bordeaba el sur de Alemania, cruzaba el río Rin en Alsacia y llegaba a los Países bajos por Lorena, la región francesa situada al noroeste del país, que limita al este con Alsacia, al oeste con Champaña-Ardenas y al sur, con el Franco Condado.

La mayor parte del ejército de Flandes se desplazó utilizando el Camino Español, realizando, según cuentan, “una hazaña logística asombrosa para su tiempo”. Así, obligó a los Ejércitos españoles a realizar por tierra un viaje sumamente arriesgado, que pasaba por territorios que estaban casi en todo momento en guerra. Tenía un recorrido que, incluso hoy, es muy dificultoso de realizar, en el que hay que cruzar grandes cordilleras, desfiladeros, algunos de los ríos más caudalosos de Europa…

Y todo esto, sin contar los ataques que durante más de 100 años sufrió el Camino por parte de los ejércitos enemigos de España, la cual tuvo que mandar tropas a Centroeuropa de manera ininterrumpida durante un período de tiempo de casi 150 años, lo cual supuso un gran esfuerzo económico para España no solo logísticamente, sino también en las muchas fortalezas, puentes y murallas de ciudades con las que fue necesario proteger la ruta de los ejércitos españoles.

Nosotros empezaremos el Camino Español desde Génova hasta Bruselas, pasando, como habéis visto, por distintas ciudades de Centroeuropa.

Respecto a la ciudad de la que partimos nosotros, Génova , es de destacar que esta ciudad italiana es la sexta mayor por población. Es la capital de la provincia de Génova y de la región de Liguria. Durante el último siglo, ha ido expandiéndose exponencialmente, actualmente está dividida en 25 circunscripciones y 71 unidades urbanas.

La vida de la ciudad, desde sus orígenes, estuvo unida a su puerto y a las actividades marineras, punto de referencia constante de toda su historia política y cultural durante su famosa República de Génova.

Hoy en día, como monumentos y lugares de interés a visitar, encontramos, en primer lugar, la Piazza De Ferrari, de la segunda mitad del siglo XIX, que actualmente es el centro de la ciudad, llena de tráfico y de animación. Alrededor de dicha plaza, se encuentran la Ópera y el Palacio Ducal. En la cercana Piazza Dante, hay una casa en la que se dice que nació Cristóbal Colón.

Las Strade Nuove (hoy, Vía Garibaldi), en la antigua ciudad, son Patrimonio Mundial desde 2006. Como la propia UNESCO señala:

Las Strade Nuove datan de finales del siglo XVI y principios del XVII, cuando la República de Génova estaba en la cumbre de su poder financiero y marinero”.

En esa época, la nobleza genovesa decidió trasladarse de la vieja a una nueva zona, creando un magnífico barrio señorial: así nacieron las Strade Nuove. Entre los edificios más destacados de esta zona, están los Palacios Blanco, Rojo y Municipal. El Palacio Municipal, sede del Ayuntamiento, fue erigido en 1564. El famoso Colegio de Arte, los Musei di Strada y el Palazzo del Principe se encuentran también en la actual Vía Garibaldi.

Los Palacios Blanco y Rojo toman su nombre del color de la piedra con la que fueron construidos, el primero en 1565 y el segundo en 1671. El Palacio Blanco, de estilo clásico, acoge la Galería del Palacio Blanco. El Palacio Rojo, por su parte, incluye la Galería del Palacio Rojo, que comprende esculturas clásicas, un Retrato de Pisanello y uno de Bordone, un Ecce Homo de Caravaggio, algunos retratos de Van Dyck, jarrones chinos, muebles, monedas y cerámicas ligures; y además, obras de Tiziano, Tintoretto  Strozzi, etc.

Otros lugares de interés de la ciudad son: la Catedral de San Lorenzo, uno de los monumentos más ilustres de la ciudad, reconstruida entre los siglos XI y XII y con sucesivas transformaciones, cuya fachada, de franjas de mármol blanco y negras, posee tres portales góticos monumentales, adornados con esculturas; el famoso cementerio de Staglieno, conocido por sus monumentos y estatuas; el Museo d’Arte Orientale, con una de las más amplias colecciones de arte oriental de Europa; el castillo neogótico del siglo XIX, Castillo D’Albertis, antiguo hogar del explorador Enrico Alberto D’Albertis, y que actualmente alberga el Museo de las Culturas del Mundo; y la Galería Nacional, con su sede en el Palacio Spinola (siglo XVI), que comprende muebles, decoraciones, pinturas y esculturas de la familia Spinola.

También es muy relevante en Génova, su puerto, que, junto con el de Marsella, es el más importante del Mediterráneo por tráfico de mercancías, movimiento de pasajeros y amplitud de estructuras, y que contiene el antiguo y popular faro conocido como Torre de la Linternasímbolo de la ciudad.

Finalmente, no hay que olvidar reseñar el Boccadasse, que es un barrio pintoresco de pescadores en la parte oriental de la ciudad; y la iglesia de San Mateo, ejemplo de la arquitectura románico-gótica, construida entre los siglos XII y XIII por la familia Doria.

En plan más relajado y para los peques, Génova cuenta con el segundo acuario más grande de la Unión Europea, tras el Oceanográfico de Valencia. Se encuentra ubicado en la antigua bahía.

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Una visita diferente: el volcán Stromboli

A petición de la nueva estrella invitada de mi blog, esta semana os voy a hablar de un lugar en el que nunca he estado, pero que, sin duda, me gustaría visitar en el corto plazo. Y ese lugar es: el volcán Stromboli , en la isla del mismo nombre situada en el mar Tirreno (Italia).

Por si no lo sabéis, os diré que la isla de Stromboli (“Estrómboli” en castellano), de apenas 12,6 kilómetros cuadrados, es una de las Islas Eolias, al norte de Sicilia, que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. El nombre de Stromboli proviene de su antiguo nombre griego, en referencia a su forma redonda y abombada.

Respecto al volcán, cuya visita nadie puede negar que es una experiencia diferente, y más si éste está activo, tiene una altitud de 2.000 metros sobre el piso oceánico. Lo más reconocible de este volcán es su famosa Sciara del Fuoco (“Río de fuego”), que se trata de una gran depresión en forma de herradura, generada en los últimos 13.000 años, por la que descienden hasta el mar los bloques de lava y fuego después de cada explosión .

Yo de momento no he visitado ningún volcán, ni siquiera en Canarias, pero si me animo, os aseguro que éste será uno de los primeros, ya que desde la cima del Stromboli se puede observar en directo el magma incandescente.

Para llegar al Stromboli existen dos opciones. La primera opción exige un mayor esfuerzo físico y consiste en, por la tarde (de modo que se llegue al anochecer a las bocas eruptivas del volcán) realizar el ascenso por el Stromboli, teniendo en cuenta que no es paseíllo y que llegar a los 364 metros sobre el nivel del mar, requiere, como decía, un gran esfuerzo.

No obstante, las personas que lo han realizado afirman que “los estallidos centelleantes con que el volcán recibe al visitante compensan cualquier esfuerzo”. Las explosiones de fuego y lava se repiten cada 20 minutos , y antes de cada erupción, se oye un potente rugido y el suelo tiembla.

La segunda opción, para aquellas personas menos aventureras que no se atrevan con la “escalada”, consiste en excursiones marítimas nocturnas que parten desde el puerto y se apostan frente a la Sciara del Fuoco.

Pese a que un cartel al inicio de la subida al volcán advierte del peligro de permanecer más de una hora inhalando el anhídrido sulfúrico de las emisiones volcánicas, que nadie se asuste, porque la visita es segura. La última erupción violenta se remonta a 1930 y desde entonces, el volcán se encuentra en permanente vigilancia.

O, al menos, suele ser una visita segura, puesto que este pasado verano, hubo varios días en los que los habitantes más cercanos al volcán, y los turistas, tuvieron que abandonar el lugar debido a una intensa actividad volcánica, que se inició el día 7 de agosto. Las embarcaciones, por su parte, no podían acercarse a la costa en el lado de mar afectado.

Así, durante días, el Stromboli registró grandes explosiones y expulsión de lava con caída al mar, por el lado no habitado de la isla.

“Durante la erupción, la actividad explosiva de los cráteres era tan intensa que llegó incluso a colorear el cielo sobre las zonas habitadas de Stromboli”, se pudo leer en el medio Corriere el 9 de agosto. Por ello, desde entonces, se ha reforzado el mecanismo de emergencia para los civiles.

Sabiendo esto, me apetece aún más ir a visitar el Stromboli. Porque así es más emocionante, ¿no? :)

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