Una aventura parisina: Mis inicios viajeros

En la entrada anterior, os comenté que no todo puede ser bueno respecto a París… Pero no es realmente cierto. Para mí, París es una ciudad maravillosa y siempre lo será…  Lo que sí puede resultar menos maravilloso es viajar a París si os ocurren todos los contratiempos que a mi family y a mi nos pasaron (y que por testimonios de amigos, he sabido que son recurrentes en viajeros inexpertos, por lo que si lo sois, tratad de evitarlos) Para empezar, es necesario señalar que era la primera vez que visitábamos París (lo que fue hace 9 años más o menos) y uno de los primeros viajes que hacíamos al extranjero, aparte de alguna visitilla aislada a Biarritz, San Juan de Luz, etc.

Antes, ya nos habíamos visitado casi todos los rincones de España pero nunca habíamos dado el salto al extranjero más allá de lo que os acabo de contar. Una vez, estando en Tarifa, quisimos cruzar el Estrecho de Gibraltar y visitar Marruecos (Tánger exactamente), pero olvidamos el pasaporte (y entonces yo aún no tenía DNI), por lo que tuvimos que conformarnos con ver Ceuta (que al fin y al cabo es el continente africano, pero dentro de las fronteras españolas) No hay error más de principiante que dejarse la documentación en casa (aunque en nuestro caso, fue porque era menor, no tenía DNI, y mis padres pensaron que con su autorización era suficiente)

Pero volviendo a París, era otoño y coincidía con un puente, pero no recuerdo cuál. Mi madre ya había adquirido los billetes para ir a París cuando vimos en la televisión que se habían desatado en barrios modestos de París numerosas revueltas que incluían actividades tales como quemar contenedores, manifestarse violentamente, etc. Pero claro, al haber comprado ya los billetes, no nos devolvían el dinero en la agencia y tuvimos que ir aunque nos daba “cosilla”. Eso nada más empezar. Para seguir, y ahora viene la parte cómica, cuando aterrizamos en el aeropuerto de París Charles de Gaulle (que es muy grande) nos perdimos al buscar el lugar donde se recogen las maletas… Y no sé cómo (por aquel entonces nadie de mi familia sabíamos ni inglés ni francés), acabamos en una terminal que se encontraba en la otra punta del aeropuerto, que fijaos lo lejos que estará, que había que coger un autobús para llegar a ella. Cuando, tras media hora, llegamos a la otra terminal, nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado. Pero ya era tarde (a las siete de la tarde ya sólo estaban en el aeropuerto los empleados de la limpieza y poco más) y además, el chófer que nos debía esperar a la salida del aeropuerto (que habíamos contratado por lo de los disturbios que comenté antes), ya se había marchado (según nos dijeron al llamar al hotel) La cosa es que para cuando cogimos de nuevo el autobús para volver a la terminal de inicio, encontramos el verdadero lugar donde recoger las maletas, etc. no había nadie. Pero en serio. Nadie.

Por fin, encontramos a dos empleados de Air France recogiendo su stand para marcharse, relativamente cerca de donde debían haber estado nuestras maletas dando vueltas toda la tarde. Les contamos nuestra situación, pero ellos aseguraban que no nos entendían bien porque no sabían mucho castellano y que, de todas formas, no podían hacer nada por nosotros. Mi madre insistió. El hombre nos dijo que a esas horas (fíjate tú, las nueve y pico de la noche) sólo podía darnos unas reclamaciones para rellenar de modo que en dos días o así debíamos volver al aeropuerto a recoger nuestro equipaje (si es que aparecía)

Fue entonces cuando mi madre se cabreó (con razón) y le explicó, con un tono que dejaba entrever que no estaba para bromas, que sólo veníamos para cuatro días, que no podíamos estar yendo y viniendo al aeropuerto todos los días, que si querían podían ayudarnos sólo levantando un teléfono y que no nos marcharíamos de allí hasta que no hicieran algo, porque estábamos seguros que no era tan difícil.

Y voilà! Los que no entendían castellano, de pronto habían entendido todo. Y fue como mi madre predijo. El hombre (que parecía llevar la voz cantante) hizo un par de llamadas y en diez minutos (os juro que no más) teníamos nuestras tres maletas dando vueltas por la cinta mecánica. Y no sólo eso. La mujer nos pidió un taxi que nos recogió en la puerta del aeropuerto al que le indicó la dirección del hotel. Hasta nos abrieron la puerta del taxi. “Gracias… Veis como sí se podía” les espetó mi madrea. “De nada” susurró la mujer en un marcado acento francés. Y nos marchamos en aquel taxi dejando a la pareja de Air France hablando entre ellos en la puerta. Como os lo cuento.

Al principio, no sabíamos si volveríamos a ver las maletas. En poco más de media hora, estábamos los tres en un taxi y de camino al hotel (por supuesto, con las tres maletas intactas) Así que ya sabéis, la clave para que te hagan caso en el extranjero (y en la vida misma, diría yo) es ser insistente y en cierta medida exigir las cosas, porque si no te toman por el pito de un sereno. ¡Nunca olvidaré la cara del francés cuando mi madre le cantó las cuarenta! Era un poema…

Gracias a Dios, a partir de entonces, todo el viaje comenzó a mejorar. No sólo porque París me encantó y a la vuelta nos conocíamos el aeropuerto Charles de Gaulle de memoria, sino porque los disturbios que había en París ni nos rozaron (sólo oíamos las sirenas de policía de fondo) y al llegar a España, nos devolvieron el dinero que costaba el chófer que nos estuvo esperando el día que llegamos al aeropuerto y que al final se fue sin nosotros.

Vamos, que cometimos todos los errores de principiantes habidos y por haber (alejarnos del lugar inicial y perdernos, subirnos a los autobuses sin preguntar, no hablar ni gota de francés o inglés…), pero al final arreglamos (más bien, mi madre) todos ellos. ¡Vosotros intentad no repetidlos! Aunque luego, eso sí, se tienen anécdotas que contar durante varios años…

¡Hasta la próxima!

PD. La próxima entrada he decidido que tratará sobre el intercambio que hice a Chicago hace unos tres años y que me trae unos recuerdos increíbles… ¡Me encantó!

Acerca de AGRO

Me gusta aprender. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que viajando?
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