Intercambio en Chicago II: Qué ver y qué hacer

Como ya os conté en la entrada anterior, mi estancia en Chicago (exactamente, en la casa de “mi americana” en Evanston) se alargó poco menos de tres semanas pero aproveché el tiempo sobremanera realizando todo tipo de actividades, la mayoría divertidísimas. Lo que más me gustó fue un paseo en barco por el río Chicago que hicimos un día soleado y en el que disfrutamos de una vista preciosa de todos los edificios de Chicago, aún más bella si cabe por los rayos de sol, la brisa fresca de finales de verano… Aprovechamos para hacer las fotos más bonitas del viaje porque aparte de que todo se veía precioso, teníamos la tranquilidad de poder esperar en el barco el momento idóneo para sacar la foto perfecta.

Respecto a los monumentos, museos, etc. de la ciudad de Chicago, yo creo que vimos todos los habidos y por haber… Lo que más recuerdo es la famosa Alubia de Chicago (llamada Cloud Gate o The Bean) alubia, la Navy Pier con sus numerosas tiendas y restaurantes (¡y una noria!), el Shedd Aquarium, el Field Museum of Natural History, una exposición sobre Harry Potter en la que me compré las famosas gafas del mago, un mercado de frutas y verduras ecológicas en las que vi por primera vez un amish de cerca… Y por supuesto, la famosa torre Sears, que por lo que tengo entendido ahora ha cambiado de nombre (Willis Tower) pero todo el mundo la sigue llamando “Sears”. Pues bien, además de la maravillosa panorámica de Chicago a más de 400 metros de altura que se disfruta desde dicha torre, son geniales los conocidos “balcones” transparentes que tiene.  sears1 Así, cuando te asomas a alguno de estos balcones que la torre Sears tiene en sus últimas plantas, puedes ver (ya que son transparentes como he dicho) todo lo que hay debajo y a los lados de modo que te da la sensación de estar volando sobre Chicago o suspendido en el aire. Al principio, da un poco de miedo, pero luego es fabuloso. Hasta hay algunos valientes (entre los que me encuentro, lo puedo decir con orgullo) que nos tumbábamos en el suelo para sacarnos fotos… LA TORRE SEARS DE CHICAGO REVELA EL NUEVO MIRADOR DE CHICAGO "LA CORNISA" ¡Os lo recomiendo a todos!

Como actividad no tan cultural, nos llevaron a ver un partido de béisbol, al que al principio íbamos super emocionados y que al final acabamos super aburridos. Pero fue interesante el ver algo tan típicamente americano y que en España no es tan común. Lo que más gracia me hizo fue que en la pantalla gigante del estadio la gente dejaba  mensajes del tipo “Sarah, ¿quieres venir al baile de fin de curso conmigo? Mike” Yo todavía sigo flipando, pero lo que es innegable es que es una forma muy original de pedir una cita. De eso, no cabe duda… También nos llevaron a un enorme outlet a las afueras de Chicago para “cazar” grandes ofertas, pero sinceramente yo disfruté más por las tiendas del centro de Chicago, tipo Forever 21 o el centro comercial Macy’s. Tendríais que ver la soltura que teníamos mi mejor amiga y yo, junto con otra compañera del colegio, por la tiendas del centro de Chicago… Lo que no hicimos fue ir a ver el mítico musical “Chicago” (aprovechando que estábamos en Chicago), que tiene narices… Pero bueno, ¡para otra ocasión!

Todo eso fue en Chicago ciudad, pero en Evanston también realizamos diversas actividades, aunque más de familia… Tanto, que incluso un domingo fui a una especie de merendola con todos los vecinos de mi calle y estuve allí con ellos ahí charlando tan a gusto, entre otras cosas de los pocos McDonald’s que vieron ellos cuando estuvieron en España… También acudí a varias fiestas y era curioso que, como allí hasta los 21 no se puede entrar en pubs ni beber, las fiestas eran en los basements de las casas (¡como en las películas!) Aunque sí se puede conducir a los 16 y fumar a los 18, una incongruencia en mi opinión…

También íbamos mucho a la playa del lago Michigan (porque a principios de septiembre todavía hacía muy buen tiempo) tanto  por el día como por la noche…  ¡Cómo disfruté de un baño que nos pegamos como a las diez de la noche en el lago Michigan! Aunque luego, vino un guardia que nos advirtió que aquello era peligroso y estaba prohibido, y nos libramos de la multa porque éramos guiris españoles, que si no…  Pero es que si uno no hace locuras con 16 o 17 años, ¿cuándo las va a hacer?

Como ya expliqué en la anterior entrada, los dos primeros días también fuimos al instituto de Evanston. Más allá de las clases, que ya os dije que algunas me parecieron de lo más creativas y exóticas para lo que estoy acostumbrada en España, y de la cantidad de medios y seguridad que tenía el instituto (menuda piscina y menudos campos de fútbol, béisbol, soccer… allí todo es a lo grande) lo que más me llamó la atención fue ver el show que se montaba los días que había partido de fútbol en el instituto. Había animadoras haciendo piruetas en el aire (increíble), una enorme y sincronizada banda de música, gente con las caras pintadas y camisetas del equipo del instituto animando en las gradas (todos alumnos, claro)… ¡Qué fiesta se montaba! De hecho, he de confesar que, aunque mi colegio de España me encantaba y me encanta (hace años que terminé y todavía lo voy a visitar alguna vez), mi colegio comparado con su instituto es un auténtico muermo… Aunque claro, con ese poderío en instalaciones y medios, cualquiera… El instituto de Evanston es por lo menos tres veces más grande que mi colegio en España (y eso que mi colegio no era pequeño…) ¡Y con esa cantidad de gente estudiando allí más todavía!

También encontré llamativo que hicieran (una vez más como en las películas) los famosos bailes de fin de curso en los que se elige al rey y la reina del baile. De hecho, la americana “de mi mejor amiga” se presentó a reina de la fiesta,  aunque finalmente no ganó. Además, celebran días temáticos como el “Día del pijama” (del que yo fui testigo), en el que la mayoría, incluida “mi americana”, iban en pijama a clase y así permanecían todo el día por el instituto. Y no sólo ése, hay muchos más días temáticos, pero el del pijama fue el que yo presencié y el que sin duda más me impactó…

Otra cosa a destacar de mi intercambio en Chicago es el día que fuimos a ver cómo eran los trabajos de algunos de los padres de los americanos… Hubo uno en especial (que trabajaba en el mundo del Marketing y la Publicidad) que nos enseñó su “oficina de trabajo” Bueno, oficina es mucho decir, porque menos oficina, parecía de todo… Había sofás, barra de bar, PlayStation con videojuegos, pizarras por todas partes… ¡Una locura, vamos! También es reseñable la diferencia que había entre las casas de los participantes en el intercambio, desde las que eran de lo más normal (dos plantas y una pequeña parcela de jardín), como la de “mi familia americana”, hasta las que tenían tres plantas o más, gimnasio privado, máquina de masajes, piscina privada, mini-campo de básquet también privado, etc. Algunas casas eran increíbles…

En definitiva, lo pasamos tan sumamente bien e hicimos tantas cosas (como habéis podido comprobar) que creo que seré incapaz de olvidar este viaje nunca…

¡Hasta la próxima!

PD. En el siguiente post os hablaré de Las Landas y del hotelillo en el que me alojé allí a finales del verano pasado, que aunque modesto, ofrecía un trato exquisito.

Acerca de AGRO

Me gusta aprender. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que viajando?
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