LAS LANDAS, UNA OPCIÓN ECONÓMICA

Al final del verano pasado, después del gran viaje a la Costa Azul e Italia, mis padres y yo decidimos hacer una escapadita a Las Landas porque el verano se nos estaba haciendo muy largo (el primer viaje lo hicimos a principios de julio y ya eran finales de agosto) y porque Las Landas nos pillan a unas pocas horas en coche… Además, la verdad es que son una opción económica (tal y como he descrito en el título del post) para aprovechar los últimos coletazos del verano unos poquitos días. El día que decidimos ir no teníamos nada contratado y ni siquiera pensado, íbamos un poco a la aventura… Pero, bueno, en este caso, para unos tres o cuatro días tampoco hace falta mucha preparación. Así, el turismo de Las Landas consiste básicamente en visitar los diferentes pueblitos de la zona, ir a la playa (hay muchas y muy grandes), dar paseíllos y acaso, hacer un par de compras o ir a la discoteca de noche; o a los que les guste la naturaleza y el deporte, hacer senderismo, hacer excursiones en bici a los abundantes espacios naturales, practicar surf, etc. Como veréis, no se trata de un turismo de museo o de monumento (sólo hay alguna iglesia aislada), sino que es una opción más modesta (y barata), pero no por ello menos divertida o, en ningún caso, peor. En todo el verano, hay tiempo para todo…

Mi familia y yo pasamos primero por el pueblo de Moliets-et-Maa, preguntamos en la oficina de turismo (en la que hablan castellano), y nos dispusimos a buscar alojamiento. En Moliets no encontramos ningún hotel que nos satisficiera porque los que nos gustaban estaban llenos o eran demasiado caros. Así, nos dirigimos a otro pueblo llamado Vieux-Boucau-les-Bains (Port D’Albret), donde finalmente encontramos un hotel que consideramos tenía una buena calidad-precio. A decir verdad, nos decantamos sobre todo por ese hotel, llamado “La Pomme de Pin”, porque era de los pocos que tenía piscina por la zona. Estuvimos allí tres días (dos noches) en la que nos dedicamos a visitar diversos pueblos como Hossegor (pueblo surfero por excelencia), Capbreton, etc., tostarnos al sol en las maravillosas y enormes playas de Las Landas y a disfrutar del ambientillo y de los espectáculos nocturnos de Vieux-Boucau. ¡Me gustó mucho! Para una semana igual no es, pero para tres, cuatro y cinco días más que bien.

Respecto al hotel que he citado, “La Pomme de Pin” he de decir que era bastante barato (dos noches para tres personas por unos 175 euros…  ¡y en verano!) pero claro, no era nada del otro jueves… Un hotelito modesto y sin lujos. Lo que más me gustó fue que el hotel está al ladito (más bien, a la entrada) de una playa enorme, limpia y realmente bonita. La señora que lo atiende (una mujer mayor), aunque no tiene idea de español, es muy amable y atenta. Respecto a las habitaciones, lo que decía… Eran pequeñitas y no muy lujosas pero aceptables. Fallaba la limpieza en algún rincón y ciertos muebles y objetos deberían ser renovados. Pero por el precio que es, tampoco es plan de ponerse melindrosos… El desayuno era algo cutre (e iba a parte), pero no se puede pedir más por unos cinco euros que vale. Lo mejor de “La Pomme de Pin”, aparte de la buena situación, como ya os adelanté, es que tiene piscina e incluso jacuzzi (aunque algo anticuado, la verdad) Y además, se puede entrar y salir por la noche a cualquier hora sin problema… Lo que se agradece, ya que en el pueblo (que es muy bonito y acogedor, por cierto) hay espectáculos por la noche durante todo el verano y muy buen ambiente nocturno (con discoteca, incluso)

En general, merece la pena, sobre todo por el precio, y más aún porque Vieux-Boucau-les-Bains es un pueblito turístico pero muy agradable, con entretenimiento, comercios, buenos restaurantes y una playa gigante. Para unos pocos diítas, desde luego, recomendable.

¡Hasta la próxima!

PD. La siguiente entrada he decidido que tratará del viaje organizado que hicimos mi familia y yo hace cuatro años por Praga, Budapest y Viena porque ha sido el único que no preparamos por nosotros mismos y lo contratamos ya organizado.

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Me gusta aprender. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que viajando?
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