UN VIAJE ORGANIZADO POR PRAGA, BUDAPEST Y VIENA… ¿MERECE LA PENA?

Yo diría que sí, sin duda… Como ya sabréis, los viajes organizados siempre son mucho más caros que los viajes que uno hace por su cuenta, pero hay ciertos lugares a los que es necesario, aunque sea más caro, ir con un grupo en un circuito organizado, como por ejemplo a Rusia por las dificultades del idioma, la diferencia cultural, etc.(lo sé porque la visitó una amiga de mi familia el verano pasado) o a Praga, Budapest y Viena (puesto que son de tres países distintos cada uno con sus idiomas, costumbres, etc.) que mis padres y yo visitamos hace unos cuatro años.

Nos planteamos por primera vez lo del viaje organizado porque queríamos visitar diversos países del centro de Europa y no nos veíamos capaces de, en unos 12-13 días (que es de los que disponíamos), ver en cada uno de ellos todo lo que había que ver. En cambio, con un viaje organizado, te llevan directamente a todos los monumentos, museos, etc. que “se deben” visitar y además, no se tiene que pensar nada, simplemente hay que dejarse llevar. En resumen, hay ciertos lugares como la Bretaña francesa, por ejemplo, que no es necesario visitar con un tour organizado, y que yendo uno por su cuenta, se ahorra bastante. En cambio, hay otro sitios, como los países del centro de Europa, que es recomendable (a no ser que seas un hacha) contratar un viaje organizado en grupo (además, ¡en los viajes en grupo se suelen hacer amigos!)

Ahora, trataré de hablaros un poco de las ciudades que vimos: Praga, Budapest y Viena, y al final os descubriré cuál es mi favorita y por qué, claro.

Para empezar, Praga es una ciudad preciosa, eso es innegable. El Barrio judío, el puente de Carlos, el Reloj Astronómico, etc. son de una belleza extraordinaria. Y el Teatro Negro, típico de allí, es un espectáculo increíble. Ahora bien, fuera de lo que son monumentos, edificios, iglesias, etc. Praga es una ciudad un poco aburrida, porque aparte del citado Teatro Negro y de una cena en una cervecería típica de la zona, no hay mucho más que hacer para divertirse (sobre todo por la noche) Si queréis un poco de marcha, es mejor que os desplacéis a Karlovy Vary (que además es una ciudad imprescindible de visitar en la República Checa)

Budapest, por su parte, también es una ciudad impresionante y de una belleza fuera de lo común (incluso más que Praga, me atrevería a decir) y una majestuosidad enorme. De hecho, os adelanto que Budapest fue la que más me gustó porque es tan bonita (o más) que Praga y no tan impersonal como Viena, de la que hablaré más tarde. Tanto Buda y Óbuda como Pest (las partes en las que divide la ciudad de Budapest el río Danubio) tienen lugares emblemáticos que me encantaron y vistos de noche aún más. No obstante, si hay que sacarle un “pero” a Budapest diría que me disgustó un poco el hecho de que hubiese tantos mendigos durmiendo en la calle, tanto de día como de noche. Así, andando por las calles de Budapest puedes cruzarte en cinco minutos con gente de apariencia adinerada y bien vestidos, y con mendigos pidiendo en la calle o gente pobre con vestimentas raídas. Es decir, se aprecia demasiado la diferencia existente entre la gente humilde y los ricos, que se entremezclan de una manera muy extraña por las calles de Budapest, y que a la que yo, como extranjera, no estoy acostumbrada.

Finalmente, Viena también consta de monumentos y edificios realmente bonitos (¡y enormes!) y es la más ciudad-ciudad (la más urbana, por decirlo así) De hecho, fue en la única ciudad en la que aproveché para ir de shopping. No obstante, y pese a que Viena es una ciudad viva y de gran belleza, se me antoja un poco impersonal, tal como dije antes. Aunque claro, eso suele pasar siempre con las ciudades grandes… Un consejo, si vais a Viena, no dejéis de probar la famosa tarta Sacher porque está de miedo… Como golosa que soy (me viene de familia), he probado muchísimas tartas y os digo, pocas tan buenas como la Sacher, así que ya sabéis. Tampoco os perdáis en Viena, los museos gemelos (sobre todo el de Historia Natural) y el acudir a un recital de música clásica (cita ineludible)

Así, ya os lo he adelantado, mi ciudad favorita de entre las tres (Praga, Budapest y Viena) es Budapest, por los motivos que antes os expliqué, aunque he de confesar que todas son preciosas sin lugar a dudas. Es más bien una cuestión de que es lo que cada uno busca cuando visita una ciudad. No obstante, sean cuales sean esas cualidades que se esperan en los sitios que uno visita, es innegable que el circuito que mis padres y yo hicimos por las tres ciudades fue maravilloso y uno de los viajes en los que más belleza “concentrada” vimos puesto que las tres ciudades se complementan.

Recomendable 100%.

Y no olvidéis, si visitáis Praga, Budapest y Viena, contarme cuál es vuestra ciudad favorita para así poder intercambiar impresiones con vosotros y si en los cuatro años que han pasado desde mi viaje, algo en ellas ha cambiado…

¡Hasta la próxima!

PD. En el próximo post, os hablaré de una ciudad imprescindible, eterna… ¿Lo habéis adivinado? ¡Sí, me refiero a Roma!

Acerca de AGRO

Me gusta aprender. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que viajando?
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