Aquitania: Calor y diversión à la française (II)

(Ahí va continuación del post “Aquitania: Calor y diversión à la française (I)” –Reeditada debido a problemas técnicos, espero que os guste😉 )

Al día siguiente, después de dormir poco y menos, eso sí, habiendo hablado hasta por los codos con nocturnidad y alevosía, fuimos a la playa bien tempranito. Ya me había aprovisionado de dos revistas francesas para ensayar el idioma mientras leía cotilleos. ¡Qué a gustito se estaba en la playita! Nos dio tiempo a hacer de todo: tomar el sol, leer, pasear, hacer tests chorras, recolectar conchas de todo tamaño… Y yo sobre todo, ¡bañarme! Ah, claro, y fichar franceses buenorros. Jajajajajaja. Hay que ver lo que cambia el panorama nada más pasar la frontera. ;P

Después, a la hora de comer, lo teníamos todo planeado jeje. Comimos las cosas horrorosas que habíamos comparado en el super el día anterior y cogimos un bus hiper caro (5 euros ida y otros 5 euros vuelta) para visitar Hossegor, un pueblo como a media hora de Vieux-Boucau (rebautizado como “Bravucón” por mis amigos XD). En el trayecto, descubrimos que eran fiestas en Bayona (y que para ellas, se visten igual que en Sanfermín) “Otra vez será”, pensamos.

Cuando llegamos a Hossegor, el calor seguía siendo insoportable. La verdad es que no había mucho que ver (alguna iglesia DSC_0770, los chavales saltando peligrosamente al río desde el puente, etc.) ni qué hacer allí si no eres un surfero, así que nos sentamos a tomar algo en una terraza muy cuca pero super cara. 3,70 euros una coca-cola. ¡Qué robo!

Volvimos a Vieux-Boucau al de un rato y decidimos comer unas pizzas en La Pizzaiolette (restaurante que yo conocía de la última vez que estuve allí), porque el paté, el queso y el pan bimbo nos salían ya por las orejas. Las pizzas estaban buenísimas (qué ricas y qué variedad- Había una pizza hasta de kebab) y además el camarero era guapísimo. ¡Qué suerte tuve! Jajajajajaja. Tras eso, volvimos al lago marino, ya que el anochecer del día anterior nos había impactado. Pero llegamos tarde y ya apenas vimos nada. En fin, breve y bueno, dos veces bueno. O eso dicen. Jajajajajaja.

Entonces, fuimos a la verbena de Vieux-Boucau en el frontón, con la pena de no haber llegado a la sardinada previa. Habían puesto un DJ y todo, y había mucho ambiente. Primero pusieron éxitos antiguos y luego los más modernos para que la gente de todas las edades se pudiera divertir. Parece mentira la fama que tienen los franceses de sosos, porque aquí estaban bailando todos como locos sin vergüenza ninguna. La música sonaba a todo volumen. Nos tiramos media noche riéndonos de los estrambóticos bailes de algunos y de sus pintas de turistas. En alguna ocasión, uno de mis amigos y yo nos animamos a bailar. Como cuando pusieron varias canciones de Grease. Un clásico🙂

Total, estábamos en Francia y nadie nos conocía. Reconozco que me solté un poco la melena, incluida la forma de vestir. En casa nunca se me hubiera ocurrido ir así, pero ¿para qué están las vacaciones?

Nos fuimos al hotel sobre las doce y media (y aún no se había acabado el fiestorro, para qué luego digan) porque estábamos cansadísimos. Entre el no dormir y el ir de acá para allá… Esa noche parece que hizo menos calor, o nosotros estábamos más cansados, pero dormimos bastante mejor, casi de un tirón.

Al día siguiente, oh, el último día, nos desplazamos a Moliets tras comprar los últimos souvenirs. La playa de Moliets es gigante DSC_0784 pero algo menos bonita que la de Vieux-Boucau. Aun así, está fenomenal. Nos tiramos allí 3 horas o más. Yo me divertí sobremanera saltando olas como una niña con uno de mis amigos durante un buen rato. Ahí es cuando me quemé la espalada (dios, todavía la tengo al rojo vivo) pero que me quiten lo bailao. ¡Cómo nos hemos divertido!

Comimos en la playa los restos de la compra del super y cuando nos fuimos, me tomé un granizado que me supo a gloria con todo el calorazo. Antes de volver a casa, paramos en Capbreton, donde comimos una plancha de quesos, jamón, etc. y dimos el último voltio antes de regresar a la rutina. Fue un fin de semana intenso, pero muy divertido. Estábamos exhaustos (aunque no dejamos de hablar hasta llegar a destino) pero sin duda mereció la pena. Y encima no fue muy caro. ¡¡Hay que repetir!!😉

Vamos, que os lo recomiendo. Además, ahora ya tenéis las claves para aprovechar vuestra estancia en las Landas al máximo si seguís mis consejos.

¡Hasta la próxima!

Acerca de AGRO

Me gusta aprender. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que viajando?
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