Viaje a Las Landas (II): Locura en Bayona/Lo llaman fiestas, pero lo podrían llamar guerra

Hoy, como lo prometido es deuda, y dado que ya he terminado con mi máster (finalmente), y aún no he empezado de nuevo con el alemán (empiezo mañana), voy a relataros la segunda parte de mi viaje a Las Landas con mis amigas del máster a finales de julio.

Dejé el último post en que, el primer día, nos fuimos a la cama a las tantas después de tanto reír… No obstante, al día siguiente, entre que el desayuno sólo estaba hasta las diez y que teníamos unas ganas de sol increíbles, nos levantamos bastante prontito. ¡Y lucía un resplandeciente sol!

Así que, tras desayunar, nos fuimos como alma que lleva el diablo a la playa de Vieux-Boucau. Como fuimos previsoras, y antes de ir de viaje, nos aprovisionamos con todo tipo de comidas y bebidas en diversos supers españoles, nos pudimos llevar el almuerzo (latas de ensaladillas, patatas, frutos secos… Todo sanísimo ;P) para comer en la playa y así no irnos del sol ni un momento (una buena idea si quieres quemarte entera, que es lo que pasó).

Así que allí nos pasamos toda la mañanita, más a gusto que ni sé, que si: nos echamos cremita y tomamos el sol, luego un baño, paseo, picoteamos algo, sacamos fotos, comentamos cualquier tontería, cotilleamos… El paraíso, vamos. Relax total después de los últimos meses de estrés en el máster.

Llegó la hora de comer y nos comimos lo que habíamos llevado. Y como ya llevábamos mil horas al sol y alguna ya se estaba poniendo rojita, nos dirigimos al hotel entre risas y planeando nuestra salida nocturna a fiestas de Bayona. Ay madre, si hubiéramos sabido lo que se avecinaba… Jajajaja.

En el hotel, nos quedamos otro rato al sol, en la piscina, chapoteando y en las tumbonas, también más a gusto que un arbusto, y pensando que ese rojo que nos empezaba a surgir a todas en zonas aleatorias del cuerpo, no era para tanto. ¡Error!

piscina

Tras fotos varias de nuevo y otro rato de charleta relajada, nos comenzamos a arreglar para la noche (que lo nuestro con la coquetería es de traca… Jajaja) Como empezamos con tiempo, y como ya teníamos reservado desde España el autobús para ir a Bayona, nos dio tiempo a ponernos guapas, comprar un bolso (que a mí se me había olvidado llevar uno, ¡oops!), pasar por la farmacia a por un pintauñas y piropear al farmacéutico en prácticas en castellano pensando que no lo iba a entender (cuando era español, el pobre Víctor XD), hacer los bocatas para la noche, cargar con las bebidas de rigor, etc. etc. Y sacar fotos, ¡claro! Éso último es imprescindible.

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El quemado de la mañana comenzó a dar señales de vida y justo antes de salir, teníamos un dolor y una rojez de otro planeta (cada una en un sitio distinto del cuerpo jajajaja) No obstante, aún con un dolor agudo a cada roce de la ropa, nos dispusimos a viajar a Bayona, que no se diga…

¡Y ahí empieza el rock and roll! ;P

Bien, resulta que nosotras habíamos reservado cuatro asientos en un autobús (nada barato, por cierto) para ir a fiestas de Bayona sobre las 21h, para así no tener que coger el coche. Como yo me requete-conozco el pueblo, tenía más o menos controlado dónde estaba la parada del bus. Pero entre comprar el bolso nuevo, cargar con las comidas y bebidas, etc. se nos echó el tiempo encima. Y claro, cuando vino la hora de ir a la parada, me entraron dudas. ¿Era por allí? ¿Era por allá? Pregunté, pero tampoco me quedó muy claro, porque soy un desastre con las indicaciones. Así que, angustiadas, con el tiempo justo para titubear, comenzamos a andar. Y pensamos que íbamos bien hasta que llegó una bifurcación, ¿y ahora qué?

Se me ocurrió llamar a la atención al cliente de la empresa de autobuses, que a todo esto, yo soy la única que puede comunicarse allí, porque mis amigas no saben francés y los franceses… sólo saben francés. De lo malo, yo trabajo en el Consulado de Francia de mi ciudad, así que no tengo problema con el idioma (menos mal). Por otra parte, Internet no nos funcionaba.

Intenté explicarle a la nada amable señorita por teléfono que andábamos perdidas, pero ella insistía en que preguntase a alguien en el lugar. Y yo, insistiéndole en que allí en mitad del bosque no había nadie. Al final, y menos mal, se le ocurrió decirme que la parada estaba al lado de la discoteca Matreshka, mientras que en el papel de los billetes ponía que la parada estaba al lado de la discoteca Asiana (que ya no está y ha sido sustituida por esta dichosa Matreshka). Entonces, entendí porque días antes en Google Maps no salía la maldita parada. La colgué, porque la señora ya estaba gritándome. Pero el problema seguía, ¿qué hacíamos si no sabíamos ir a Matreshka?

Mis amigas no dejaban de probar si iba Internet, y yo intentaba pensar una solución. Pero nada. Entre tanto, en un giro de los acontecimientos, una de nosotras le espetó al móvil “Discoteca Matreshka”, y el móvil no sólo entendió lo que decía, sino que Internet funcionó justo en ese instante de forma milagrosa y localizó la discoteca, haciéndonos un itinerario desde nuestra ubicación en ese momento hasta la misma. Parecía una película, ¡estábamos salvadas!

Pero claro, faltaban como 20 minutos para que pasara el bus y estábamos a unos 16 minutos de la parada (sin perdernos). Así que dos de nosotras empezamos a correr como locas (después de estar ahí arreglándonos Jajajaja) mientras que las otras dos iban por detrás cargando con los víveres.

Tras una carrerita buena, llegamos dos minutos antes de la supuesta hora de llegada del autobús. Y… allí no había nadie. Nos pareció raro, porque el autobús se supone que estaba a punto de pasar y ya estábamos temiendo que, después de toda la carrera, hubiera pasado ya. Decidimos esperar por si el autobús llegaba con retraso, pero los minutos pasaban y pasaban… Y nada.

Nuestra indignación/enfado iba in crescendo, cuando por fin vimos al dichoso bus aproximarse. ¡Aleluya!, se me escapó.

Pero las caras de alegría se fueron disipando según se acercaba y veíamos no sólo que el autobús eran una auténtica tartana, sino que iba hasta los topes de gente. Hasta los topes quiere decir que había gente que iba de pie. Con razón había tardado tanto…

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Dentro había una horda de gente de nuestra edad, vestida con los colores típicos (sí, los de San Fermín) que parecía que ya había comenzado la fiesta (y el bebercio) hacía unas horas. Por supuesto, al vernos, hubo pitorreo generalizado, porque ya no cabía un alfiler y por españolas, claro.

Lo que no calcularon es que yo hablaba francés y que me fui enterando durante las dos horas de trayecto (¡dos horazas!) de las “palabras lujuriosas” e “insultos xenófobos”, por decirlo así, que algunos de ellos (no todos) nos iban dirigiendo, tanto a la ida como a la vuelta. Y claro, una calladita, que estábamos en clara minoría Jajajaja.

Al principio íbamos de pie, pero tras unos minutos, un chico de lo más decente que había en el autobús, y que hablaba castellano, desalojó a un par de borrachuzos del medio, y nos cedió un asiento libre, que compartieron dos de mis amigas. Mi otra amiga y yo nos acomodamos en las escaleras de la puerta de atrás del autocar, al lado de unos franceses, cuyas piernas, abiertas, nos quedaban a la altura de la cara. Un show, vamos.

Uno de ellos le preguntó al otro: “¿Qué, te gustan las españolas?” A lo que ése contestó: “No sé, aún no las he probado”. Ingenioso él.

Puedo aseguraros que fueron dos de las horas más largas de mi vida, no sólo por la incomodidad de las escaleras, sino por la locura desbordada de estos franceses, que a las 21h estaban ya como si fueran las 3 de la mañana.

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Cánticos sin fin a todo volumen, tíos bebiendo y fumando en mitad del autobús, gritos desaforados, un par de ellos haciendo cabriolas por encima de los asientos (como os lo cuento), uno haciendo ejercicio en las barandillas superiores del autobús, etc. etc. Incluso, una chica vomitando dentro del bus, para escarnio público, y que el conductor (que también tuvo que aguantar lo suyo) abandonó sin piedad en un pueblo que no conozco antes de llegar a destino… La tercera guerra mundial parecía aquéllo.

Con lo educados que son los franceses con los que me reúno a diario en el Consulado y en este autobús nos encontramos con lo peor de lo peor… Vaya imagen que se llevaron mis amigas de los jóvenes galos. Aún hoy cuando ven a algún turista francés por la ciudad, tuercen el gesto… Jajajaja.

Os juro que cuando pisé el suelo de Bayona, me dieron ganas de besarlo, como el Papa.

Justo al llegar nosotras, estaba el desfile en todo su apogeo, con las carrozas representando los diferentes países pasando unas detrás de las otras. Había varias carrozas muy chulas, pero no estábamos de humor y aún seguíamos un poco aturdidas por lo del autobús.

desfile

Tras sacarnos las fotos de rigor, decidimos sentarnos en un huequillo a comer, que dicen que con el estómago lleno se ven la cosas de otra manera….

Y aún nos quedaba toda la noche por delante… Madre mía.

Pero eso ya os lo contaré en el próximo post, que lo que viene ahora también da para largo ;P

¡Hasta la próxima!

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Acerca de AGRO

Me gusta aprender. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que viajando?
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9 respuestas a Viaje a Las Landas (II): Locura en Bayona/Lo llaman fiestas, pero lo podrían llamar guerra

  1. Vaya excursión, me alegro de que todo acabará bien. Saludos!!

  2. Hola viajera:)) Viendo y sintiendo que eres una persona inquieta y emprendedora que le gusta descubrir, aprovecho la ocasión para informarte de que estoy contactando con aquellos seguidores con los cuales he tenido algún contacto especial, para seguir leyéndonos y compartir la nueva web de “Ander one dream” que estamos a punto de lanzar. Como es fuera de WordPress necesitaría tu email para avisarte del lanzamiento. Va haber un montón de sorpresas nuevas. Gracias de antemano y un fuerte abrazo:)) Espero que nos leamos pronto!!

  3. Esa escapada es digna de #bajarsedeltacon …. me la anoto en la agenda…
    Gracias por tu estela en mi rincón.
    Un abrazo.

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