Viaje a Las Landas (IV): La calma que precede a la locura máxima

¡Hola a todos!

Estoy de vuelta para contaros las horas previas a la noche más divertida de todas las que pasamos en el viaje a Las Landas (Francia), que realicé este verano con mis amigas del máster.

Si el pasaje referente a las fiestas de Bayona ya fue demasié, la noche siguiente ya no es quiero ni contar… Bueno sí, sí quiero ;P. Pero este post va a ir sobre todo lo que nos pasó antes de nuestra “visita” nocturna a la discoteca Le Traouc (Seignosse), la disco más grande de todas Las Landas y que cuenta con piscina, pistas de baile interior y exterior, 3 bares… Una locura, vamos.

Pero antes de eso, como decía, voy a contaros cómo fue el despertar tras la “aventura” de fiestas de Bayona del día anterior. Que también tiene su aquél.

Pues… estábamos tan derrotadas que nos despertamos más tarde de la hora del desayuno (hasta el despertador decidió tomarse un descanso… Jajajaja), es decir, más tarde de las 10h; así que nos quedamos sin desayuno y tuvimos que conformarnos con las galletas y dulces que habíamos comprado en España (previsoras nosotras) antes de ir.

Nos reunimos las cuatro amigas de forma espontánea en una misma cama y allí, mientras nos comíamos juntas las galletas, nos pusimos a rememorar toda la noche anterior y a criticar a todo quisqui. Desde el humor, claro, que hay que reírse de todo. De hecho, visto con el tiempo, la verdad que tuvo mucha gracia Jajajaja. Con las cuatro en la misma cama tumbadas, parecía aquéllo una película americana de amistad adolescente XD.

Cuando ya nos decidimos a salir de la habitación, no hacía tan buen tiempo como el día anterior, sino que estaba un poco nublado; así que optamos por quedarnos en el hotel y vaguear un poco en la piscina. De esta forma, seguimos la charleta en las tumbonas de la piscina, que estaba mucho más vacía que el día anterior debido a la ausencia de sol. No obstante, hacía buena temperatura, por lo que ciertamente se estaba “tan a gustito”.

Tras un par de horas a la bartola, ya siendo la hora de comer (bueno, más bien la hora de comer española, que en Francia se come super pronto), nos fuimos las cuatro a arreglar dispuestas a almorzar y pasar un rato en Moliets (a unos 9 km de Vieux-Boucau).

Aunque durante el viaje tuvimos que renunciar a algunos planes porque no nos daba tiempo a todo en cuatro días- a la Dune du Pilat, por ejemplo :_(  -no quería que mis amigas se fueran de Las Landas sin ver la playa de Moliets. La enorme playa de este pueblecito se me hace uno de los paisajes más bonitos que he visto en mi vida. Es reconfortante contemplar su inmensidad durante algunos minutos. Os lo recomiendo.

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Pero antes de ir a ver la grandiosa playa, nos dirigimos a comer, que ya se estaba haciendo tarde. Precisamente por la hora, no había muchos sitios para elegir. Queríamos haber comido algo verde, sano para variar, pero lo único que pudimos encontrar fue un restaurante donde daban pizzas vegetales. Después de algunos dimes y diretes con el camarero (mis amigas acabaron aborreciendo el carácter “francés” XD), comimos y nos sacamos fotitos (una vez más) en el restaurante, que estaba decorado en plan tropical.

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Tras eso, ya sí, pudimos deleitarnos con las preciosas vistas de la playa de Moliets. Nos sentamos en un banquito comiendo un helado (muy rico, por cierto) y “vimos la vida pasar”, que es un ejercicio que hay que hacer siempre cuando uno va de vacaciones (no todo va a ser visita frenética) y que me provoca un indescriptible placer. Ay, además ¡con mis chicas!

Antes de marchar hacia Hossegor, otro pueblo que sabía que encantaría a mis amigas, y que es el más conocido de Las Landas, echamos un vistazo a las tienditas de ropa y souvenirs de Moliets… Y algo cayó, claro 😉

Pusimos rumbo a Hossegor tan felices de la vida, haciendo bromas y comentando que los bosques sin fin que rodean la carretera que atraviesa Las Landas son como los de aquella carretera que nunca acababa en la película “Atajo al infierno” (ahora también doy recomendaciones cinéfilas Jajajaja)

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Al llegar a Hossegor, dimos un paseo por sus calles, repletas de tienditas super cucas- y algo pijas- con todo tipo de ropas, accesorios, etc. Mis amigas, sobre todo una, andaban como locas mirando los escaparates; aunque la mayoría de cosas se escapaban de nuestro presupuesto. Llegamos hasta el puente del que los niños saltan en verano y nos sacamos fotos again and again. Creo que voy a tener fotos de ese viaje para poner en Facebook hasta 2023 ;P

Nos sentamos en una terracita dispuestas a tomar un zumito o un batido y así reposar de nuevo en este apacible pueblo. Además, el camarero era valenciano, con lo que estuvimos charlando con él un ratito. Me encanta conocer las historias de la gente que emigra a otros países, porque me parece muy interesante la idea de dejar tu ciudad y empezar una nueva vida en otro sitio; y es algo que a mí me gustaría hacer algún día. “¿Por qué te fuiste?, ¿y por qué a este lugar y no a otro?… ¿Volverás a casa?”

Así que allí andábamos tan a gusto, cuando una señora de ésas “con gatos” se nos acercó para pedir fuego o vete a saber qué, y como no la hicimos mucho caso, se entretuvo un rato en llamarnos “salopes”, es decir, p****. Uno de los camareros de dio cuenta del asunto y la ahuyentó, pero mis amigas ya andaban de nuevo escandalizadas con los modales galos. Yo me moría de la risa, ¿cómo es posible que estuviéramos conociendo a los más maleducados de todo Francia? Jajajaja

Al de un rato, dejamos Hossegor y volvimos a cenar a Vieux-Boucau, en el mismito centro, con las vistas nocturnas del lago a un lado, y el pueblo al otro: un grand plaisir. Siguieron las bromas durante toda la cena, y una de mis amigas y yo decidimos que esa noche queríamos noche de bailoteo y que iríamos a la discoteca que os comenté al principio, Le Traouc.

Habíamos visto fotos en Internet y tenía pintaza, así que no se diga… ¡Que somos jóvenes! Jajajaja. Bueno, eso pensamos una de mis amigas y yo, porque las otras dos se rajaron y se quedaron en la habitación del hotel, al borde del coma porque el cansancio de la noche anterior había hecho mella.

Pero bueno, mi amiga y yo salimos con todas las ganas del mundo, que aunque seguíamos quemadas del sol y super cansadas, nos apetecía juerga. La verdad que en general yo no soy muy fiestera, pero esa noche tenía ganas de bailoteo. Y es que si una no hace ese tipo de locuras en el extranjero, con amigas y con ventipocos años, ¿cuándo lo hace? XD

Yo creo que ya me olía la noche épica que estaba por venir (y que en el siguiente post procedo a contar). ¡Telita! ;P

Hasta la próxima 🙂

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Acerca de AGRO

Me gusta aprender. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que viajando?
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5 respuestas a Viaje a Las Landas (IV): La calma que precede a la locura máxima

  1. Alize dijo:

    Creo que te pasó lo que a mí en Irlanda, que me debí topar con lo peorcito del país xDD
    ¡Nos has dejado con la intriga, eso no se hace! 😛
    ¡Besotes!

    • AGRO dijo:

      Jajajaja, no veas que impresión se llevaron mis amigas de los franceses, las pobres XD Jajajaja, ya estoy con el siguiente post. Estoy intentando que no me quede muy largo, pero hay tanta tela que cortar… ;P. ¡Gracias por seguirme! Besitos.

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